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Ciudades y lugares de interés. Turismo en Túnez

Dicen que Túnez es aún más antigua que Cartago y que fue fundada por los maxitanos, una tribu fenicia. Es la capital desde el siglo XIII y ha conservado su tradición al mismo tiempo que se ha adaptado a los tiempos modernos. Muestra de esa tradición es la Medina, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO; aquí se encuentran los zocos, los palacios, la esencia del Túnez de siempre. La Medina es uno de los conjuntos más interesantes del Mediterráneo oriental y en ella encontraremos la Mezquita Ez Zitouna, la mezquita del olivo, la primera universidad del mundo árabe, Sidi Mehrez, Sidi Kacem el Jellizi, del siglo XV y Dar Ben Abdallah.

Por otra parte, existe la ciudad moderna, de perfil semejante al de las ciudades europeas del sur, construida en la parte oriental, fuera de las murallas y orientada al mar. En esta parte de la ciudad se encuentran los hoteles más modernos, los bancos, las tiendas de moda y la mayoría de las sedes de diversas empresas internacionales.

Tumbas púnicas en Souk El Guebli

Tumbas púnicas en Souk El Guebli

Monastir: Es la antigua Ruspina romana, aunque su fundación fuera púnica. Su nombre actual viene de un monasterio bizantino y fue capital de los fatimitas hasta que este rango le fue arrebatado por Mahdía, aunque siguió siendo ciudad santa. El ribat es, a la vez, castillo y monasterio y la ciudad puede decirse que es la segunda capital espiritual de Túnez, llegando a contar con 37 mezquitas y 22 zauías o mausoleos de hombres santos. Actualmente es uno de los lugares de veraneo más importantes de Túnez. En Monastir es necesario visitar el tradicional barrio de Chraga, totalmente reconstruido y el corazón de la ciudad; el Ribat, antigua fortaleza, donde cada verano se organiza un interesante espectáculo audiovisual; el Museo de Artes Islámicas; la Mezquita Bourguiba, construida en 1963, pero siguiendo la tradición del país, es otro de los puntos de interés; la Zaouia de Saïda, una mezquita funeraria situda en el segundo Ribat; el Ribat de Zaoui de Sidi-Dhouib, también digno de una visita. Cap Monastir es la zona turística por excelencia.

Sousse o Susa: Suosse es la capital del Sahel tunecino y es uno de los centros turísticos más importantes de Túnez. La ciudad tiene cerca de 3.000 años de historia y siempre ha sido una de las ciudades más atractivas para los escritores y artistas europeos. Fue ocupada por romanos, vándalos y bizantinos, hasta que bajo el dominio de los Ahglabitas recupera su pasado esplendor, frenado cuando los fatimitas edificaron la ciudad de Mahdía. Entre los lugares a visitar de Sousse, encontramos la Torre Khalaf al Fata y las murallas del Ribat, una fortaleza de la época almorávide, una especie de “santuario de combate”. El Museo de Sousse es de gran interés, donde se encuentran piezas de origen romano y cristiano primitivo. La Medina es otro de los lugares que nos descubren el sabor auténtico de la ciudad, con lugares como la Gran Mezquita, construida en el año 850, la cisterna de la Sofra, el Zoco Er-Rebâ, el Zoco El Caïd o el típico Café de la Cúpula, el Kahouat El Koubba, donde sirven un café turco perfumado de azahar. El domingo, el Zoco El Ahad cuenta con una gran animación. Otro lugar que merece nuestra visita son las Catacumbas, situadas al oeste de la ciudad, con más de 240 galerías subterráneas en las que hay más 5.000 esculturas.

Gran mezquita de Susa.

Gran mezquita de Susa.

Hammamet: El origen de Hammamet es muy remoto y son muchas las denominaciones anteriores de la ciudad. Al final de la Reconquista fueron muchos los musulmanes andaluces que buscaron refugio en esta ciudad y muchas de las tradiciones andalusíes aún permanecen en Hammamet. Es la ciudad de los jazmines, donde aún puede verse a los tradicionales vendedores llevar sus cestas en forma de sombrero llenas de ramilletes y guirnaldas; pero no sólo los jazmines perfuman el aire de la ciudad, sino los naranjos, los huertos, los viñedos y los cultivos de flores, favorecidos por su clima suave y los numerosos días soleados que se suceden al año. Es uno de los lugares más conocidos internacionalmente de todo Túnez, no sólo por su situación, sino por el cuidado con que se ha mantenido el entorno adecuando las construcciones modernas a la naturaleza, con alturas que no pueden superar la de las palmeras.

Nabeul: Es la capital administrativa de Cabo Bueno. Cuenta con una preciosa artesanía representada por los bordados, la alfarería, los perfumes, los encajes, etc. Cada viernes, en el mercado, se encuentran muestras de las distintas labores artesanas, junto a otros artículos de lo más diverso, desde los productos agrícolas a los dromedarios. Nabeul es punto de partida de numerosas excursiones por los alrededores y todo Cabo Bueno, como Menzel Temime, con sus naranjas y pimientos rojos secos en los muros y los jardines; Korba, con un interesante festival joven que se celebra cada mes de agosto, Beni Khiar, famosa por sus tejidos de lana; Kerbouane, un pueblo abandonado antes de la invasión romana, conservado por la arena o los campos de Kebilia, donde los perfumes del azahar y el jazmín son las notas dominantes o las excavaciones de Neópolis. Volviendo a Nabeul, los aficionados a la cerámica pueden disfrutar de la que allí se elabora. Hay dos tipos de cerámica, una muy porosa y cuyos orígenes se remontan a la época romana y otra lacada en colores verdes y amarillos. Son típicos los bordados, antes reservados sólo a los trajes de mujer y que actualmente se utilizan también en las mantelerías y otras prendas de los ajuares de las novias.

Kairouán: Desde esta ciudad partieron las tropas de Tarak Ibd Ziad para conquistar España. Es una ciudad santa y centro espiritual de Túnez. Un ejemplo visible de esa espiritualidad es la Gran Mezquita de Kairouán u Okba, levantada en el año 670 por Obka Ibn Nafaa, que la designó capital del África islámica y ciudad santa. En el recinto de la Gran Mezquita destacan sus puertas, siendo las más bellas de Lala Rihana, al este, y la del Oeste, que da al gran patio. Toda la mezquita está construida con elegancia, primor y exquisitez. La ciudad vieja está rodeada de murallas y en ella encontramos los numerosos zocos, como los de las cisternas, el cuero o la lana, donde se pueden adquirir las famosas manoplas de Kairouán. Otros edificios de gran interés son las zauías, como la de Sidi Sahab o Mausoleo del barbero, donde está enterrado Sidi Sahab, compañero de Mahoma, del que guardaba la reliquia de tres pelos de su barba.

La artesanía de Kairouán es otro de sus tesoros. Una de las más destacadas es la marroquinería, la del cincelado de latón y cobre, la ebanistería, la guarnicionería y, sobre todo la confección del alfombras; las que se elaboran en Kairouán son tan clásicas en su estilo como ellas mismas lo son entre las alfombras de todo el mundo. Cada una de estas alfombras lleva una etiqueta de la Oficina Nacional de Artesanía que certifica su autenticidad. Hay tres tipos de alfombras: la Zarbia, la Alloucha (de lizo alto) y la Mergoum, de lizo bajo.

Los Ksars. Turismo en Túnez

Matmata: Es una de las regiones más llamativas de todo Túnez. Está situada al sur de Gabes y está habitada por tribus bereberes. Esta insólita región sorprende por sus viviendas trogloditas, subterráneas o excavadas en los valles. El paisaje es casi irreal, más selenita que terrestre. Matmata es la zona más poblada y sus casas han sido excavadas en la meseta. Las casas son cálidas en invierno y frescas en verano, están construidas en varios niveles y su mobiliario es muy austero. Bajando por una especie de túnel, se llega a un pozo circular, en torno al cual se han ido excavando las salas y los depósitos para el grano. En el pasillo hay alacenas y establos y por él se llega a una terraza circular o patio, donde han sido excavados unos habitáculos destinados a habitaciones, el cuarto trastero y las salas comunes. Al granero sólo se llega por medio de cuerdas y en la terraza se pone a secar la alfalfa. Actualmente se han construido hoteles y alojamientos para turistas siguiendo esta peculiar forma de vivienda. Y un detalle que se nos olvidaba: aquí se rodaron las películas “La guerra de las galaxias” y “En busca del arca perdida”.

Los Ksar: Son los castillos del desierto, bien diferenciados si son de llanura o de montaña o beréberes y árabes, según su construcción. Son conjuntos de celdas que conforman un cuadrilátero, unas veces superpuestas y otras no. Se alzan en los taludes y en las crestas o valles bien resguardados, pero siempre de difícil acceso a los extraños o casi invisibles de tan camuflados. No son viviendas, sino lugares en los que se ponía la cosecha a salvo en épocas de gran inseguridad o, simplemente se usan para reuniones de los hombres de las aldeas, como escuelas o mercados y como atalayas desde las que vigilar los contornos.

Bosque de Ain

Bosque de Ain

Djerba: La isla de Djerba destaca por su vegetación: palmeras, huertos, olivares, árboles frutales… Cuenta con 128 kilómetros de playas y en ella hay numerosos centros turísticos. Llaman la atención sus más de 200 mezquitas, todas diferentes y los menzels, casas típicas de la isla. Otro espectáculo natural inolvidable son las bandadas de flamencos de Ras el R’Mel. En Djerba existe una comunidad judía, establecida desde el años 584 a.C y descendiente de un grupo de refugiados huídos de Palestina.

Lugares de interés natural para el turismo en Túnez

El Chott: Es un inmenso desierto de sal, un antiguo lago desecado por la acción del inclemente sol. Chott El Jerid alcanza una longitud máxima de 250 kilómetros y una anchura mínima de 20. La superficie del Chott está formada por infinidad de cristales de sal que forman una capa espesa, aunque en algunas zonas el agua aflora a la superficie, pero es pronto evaporada por el sol y los vientos tórridos. No está muy alejado de la costa y no han faltado proyectos de inundarlo con agua marina para llevar el mar al desierto, pero no deja de ser un espejismo, como los muchos que se ven en la superficie de Chott cuando la temperatura es lo suficientemente elevada.

Los oasis de montaña: Están situados en lo más alto de las montañas y en ellos las palmeras crecen entre las rocas. En ellos la economía se basa en la recolección de dátiles y han estado habitados desde muy antiguo, especialmente por los romanos que utilizaban estos oasis como puestos de guardia, pero en ellos se han encontrado restos arqueológicos de épocas muy anteriores.

El desierto tunecino

El desierto tunecino

Los oasis: Son el milagro del agua en el desierto, islas de verdor en medio de las arenas, pobladas por multitud de palmeras. En ellos se ha concentrado buena parte de la población del desierto que encuentra allí frescor, agua, sombra, tierra fértil y, sobre todo, la palmera de Jarid de la que se aprovecha prácticamente todo: la savia, las hojas, la madera y, cómo no, el fruto, del que también todo es útil, hasta la pepita que se usa como alimento para los dromedarios.

Los bosques y las tierras verdes: Ocupan el norte del país y son frecuentes los bosques mediterráneos, los lagos y los cultivos. En los bosques abundan los álamos, los sauces y los abedules, que destacan tanto por su exuberancia como por servir de refugio a numerosas especies de caza mayor y ser una fuente de riqueza para los pueblos del entorno.

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